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abril 11, 2012

Jueves Santo

Hay tres jueves en el año que relucen más que el sol, y este es sin duda uno de ellos. Y como tal amaneció con un cielo completamente despejado, sol reluciente y la Legión desembarca en el puerto de la capital de la Costa del Sol. Mientras se oyen los pasos de los legionarios los cofrades malagueños esperan ansiosos otra gran tarde de semana santa, otro gran Jueves Santo.
6 de la tarde y el cielo cubierto por las nubes, es la hora. El hombre de trono de la Misericordia se prepara escrupulosamente para su gran cita. Zapatos, pantalón y corbata negros, camisa y guantes blancos, túnica burdeos. Ese es su atuendo, está listo.
Las lágrimas le pasean por su cara al entrar a su nueva casa de hermandad, la están estrenando. María Santísima del Gran Poder y Nuestro Padre Jesús de la Misericordia esperan, vestidos también con sus mejores atuendos.
El hombre de trono se santigua ante ellos, reza y se dirige a su posición. Le esperan 6 horas por delante en las que estará en el mismo lugar, pero está nervioso, un cosquilleo permanente le recorre todo el cuerpo, le tiemblan las piernas, se le saltan las lágrimas con gran facilidad. Empiezan a llegar los veteranos del varal, esos hombre que llevan casi media vida cargando sobre sí a su Padre.
Llega el alcalde y, un toque de campana, dos, el tercero suena más tardío y más fuerte. ''El Chiquito'' sube de pronto. Este hombre de trono empieza a sentir sobre sí el dolor de Jesús, el peso de la cruz, su peso.

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